"El arte es una aventura hacia un mundo desconocido,

que puede ser explorado sólo por quienes

están dispuestos a asumir el riesgo."

-M. Rothko & A. Gottlieb-

No he encontrado otras palabras, propias o ajenas, que expresen mejor mi pensamiento respecto al arte. Creo que la 'declaración de principios' de Rothko y Gottlieb trasciende su contexto (1943, fundamentos del Expresionismo Abstracto) y establece un universal punto de partida para todo el que sienta la llamada de la creación. ¿No debería ser inherente a la condición del artista ir más allá de lo conocido aún a riesgo de la incomprensión e incluso el rechazo? Sin embargo es difícil no advertir que en una sociedad como la actual, sometida a la dictadura del marketing y la moral 'woke', pierde terreno el interés por la búsqueda de nuevas fronteras artísticas en favor de la dócil elaboración de productos digeribles. Frente a la constatación de un panorama dominado por tópicos y banalidades -cultura del selfie, 'cancelaciones' y RRSS- no puedo por menos que refugiarme en el manifiesto de aquellos visionarios pintores. 

A título personal, diré que mi incierta trayectoria artística siempre ha obedecido a una curiosidad impenitente. Un día me da por fatigar páginas y otro me subo a un escenario: ahí suelo recrearme con los poetas áureos y con Shakespeare. Soy rehén de una fiel pero caprichosa memoria, que tanto recuerda intrincados sonetos como remotos agravios. Puedo cantar afinado pero sin partitura. Me gusta fotografiar el mundo en blanco y negro. Eterno aprendiz a quien entusiasman tanto los clásicos como los ‘novísimos lenguajes’, a veces promuevo montajes que integran disciplinas diversas y en los que se entremezclan épocas; los resultados suelen ser imprevisibles, aunque mi escaso público nunca me ha maltratado. Me reitero en la osadía de recitar a Lope de Vega a ritmo de Rap pero, sorprendentemente, aún nadie me denunciado. Creo que lo mejor de mis ideas se gesta en el mundo de los sueños pero, al contrario que Coleridge, al despertar no recuerdo apenas nada. Detesto la pretenciosidad ignorante, las 'batukadas' y las chirigotas. A modo de conclusión, afirmo rotundamente que puedo disponer con cierto gusto las flores de un jarrón. No obstante lo dicho, preferiría no ser etiquetado como 'artista multidisciplinar'.

Tampoco negaré mi fascinación por los enigmáticos "hombres de placer" de la corte de los Austrias españoles. Me siento muy cercano a quienes, durante siglos, han hecho de la necesidad de contar historias una razón de ser: nórdicos Thulir, Rapsodas griegos, Griots africanos, bardos, juglares... . Por ello, si de algún mérito soy acreedor es por prestar mi voz como storyteller o cuentacuentos. 

Vuelvo a Rothko, me recreo en su metáfora... Imagino a los navegantes de la antigüedad aventurándose por aquella Terra Incognita que creían habitada por unicornios, sirenas y basiliscos. Desde la quijotesca percepción de mi propia experiencia, afirmo que siempre es así frente al desolado paisaje de un papel en blanco o a la amenazante negrura más allá del escenario: Hic sunt dracones.