MELOPEA

Un insólito maridaje

de versos y vino

Si atendemos las acepciones que del término Melopea nos ofrece el diccionario de la RAE, encontraremos una interesante coincidencia. Por un lado, en su sentido más coloquial, se hace referencia al estado de euforia etílica que suele producir la ingestión de alcohol. Pero además, en su origen griego 'Melopea' era -nada menos- el arte de declamar rítmicamente textos en versos o prosa. (Existe una tercera acepción, no menos sugerente, que indica la capacidad de producir melodías...).

Melopea surge del intento de trasladar a escena los conceptos que inspiraron las grabaciones de Flow My Rhymes. Son por tanto proyectos conectados. Utilizar una cata de vinos para propiciar un estado proclive a la ensoñación evoca aquellas puertas o umbrales de la percepción a las que eran tan afectos algunos grupos musicales de la década de los 60. Pero donde aquellos utilizaban amedrentantes estímulos lisérgicos yo propongo una más 'aburguesada' vía. Una motivación que no oculta otra vertiente lúdica, pues al fin esta performance resulta de la fusión de tres elementos por los que siento una especial predilección: la poesía, la música electrónica, y el vino. 

En consecuencia, Melopea podría entenderse como una sutil forma de alquimia, pues dichos ingredientes se funden en el crisol de un momento que se pretende fugaz y sublime. Por un lado, el vino en su más refinada manifestación, excelsa dualidad que alimenta al cuerpo y al espíritu. A ello se suma la palabra nacida en la mítica 'edad dorada', cuando Góngora, Lope de Vega, Quevedo, San Juan de la Cruz, Cervantes y muchos otros alcanzaron con su verbo la inmortalidad. Y finalmente, a modo de elemento amalgamador, lienzo invisible sobre el que se recitan los textos, una serie de ‘tapices sonoros’ creados o seleccionados para la ocasión. Esta ‘revisitación’ de los textos clásicos en el marco de lenguajes y ritmos contemporáneos nos permite comprobar su plena vigencia, aunque a alguno pueda sorprender la ‘batalla de gallos’ entre Góngora y Quevedo a ritmo de Hip-Hop, las “Soledades” de Lope Vega transmutadas en oscuro Rap, o la “Noche Oscura…” de S. Juan sobre un ‘colchón’ de Ambient electrónico.