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POLIFEMO (en preparación)

Proyecto escénico-musical sobre la "Fabula de Polifemo y Galatea" (L. de Góngora)

PRESENTACIÓN

Con el el proyecto "Polifemo" pretendo ofrecer una visión personal, por tanto subjetiva, de una obra que desde hace siglos acapara la atención de académicos y artistas: la "Fábula de Polifemo y Galatea", de Luis de Góngora (1561-1627).

En una performance que fusiona la declamación del texto con la interpretación de una serie de piezas de música electrónica, abordaré una dimensión surreal y onírica del poema a menudo eclipsada por su inigualada perfección formal. El contraste entre ese lenguaje sublime, no pocas veces críptico, y los recursos sonoros que ofrece la moderna tecnología, propicia otras lecturas de un personaje que es al tiempo mitológico y literario.

En "Polifemo" se entrecruzan definitivamente los dos caminos, actoral y musical, que he venido transitando en paralelo los últimos años.

La declamación del enrevesado poema de Góngora se alterna así con la  interpretación de piezas Música Electrónica compuestas expresamente o improvisadas en tiempo real–, que ilustran no tanto los idílicos paisajes naturales descritos por el genial poeta como esos otros, interiores y ominosos, donde habita la mente del cíclope.

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Montaje y animación J.I.D.

LA MÚSICA DE "POLIFEMO"

Desde hace años mis proyectos escénicos integran la declamación de textos y la música en busca de una fusión armónica de ambas disciplinas. Más allá del recurrente acompañamiento melódico que predispone a una reacción sentimental del público, siempre he propuesto entre los dos lenguajes un diálogo confrontante. Simultaneando la creación de proyectos escénicos ambientados en los S. XVI y XVII con otros más experimentales –que incluían, por ejemplo, la producción técnica–, he crecido de forma autodidacta con instrumentos como la flauta barroca, el arpa, y percusiones de carácter histórico. Actualmente dedico mi atención a instrumentos electrónicos. Como evolución de esa labor, en 2025 presenté  Anamorfosis  donde, gracias a una mayor presencia de la tecnología, se abrían sugerentes posibilidades en el campo de la investigación sonora y la performance escénica.

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Con el controlador MIDI en una actuación.

La música de "Polifemo" profundiza en algunas ideas esbozadas en el proyecto precedente. No obstante su planteamiento es decididamente más conceptual y abstracto. Como ya he indicado, considero más estimulante perderme por los laberintos mentales del monstruo –que es lo mismo que decir que en los míos propios– en lugar de limitarme a ilustrar lo escrito.

Sin embargo el mayo reto no es tanto de orden conceptual como meramente práctico.  ¿Cómo compatibilizar la declamación de un texto tan exigente con la ejecución en directo de los temas musicales y el manejo de los gadgets electrónicos? Góngora mismo –¿quién si no?– aporta una solución al problema:

Si bien la fábula se nos presenta escrita sin solución de continuidad, una de las características que mejor la definen es la escalonada, diríase matemática, presentación de temas y personajes: Dedicatoria, sucesivas descripciones de Polifemo, de Galatea, de la isla de Sicilia, presentación de Acis, posterior conflicto amoroso, etc. Este perfecto orden, que contrasta con el barroquismo extremo del lenguaje empleado, dota al poema de una estructura invisible pero no por ello menos sólida. De ahí mi decisión de dividir la performance en siete partes o paisajes. 

En "Polifemo" utilizo por primera vez la electrónica para ampliar las posibilidades de la voz, utilizada mediante loops y efectos como un instrumento más en los desarrollos instrumentales. En cuanto al estilo o género musical de la obra solo puedo apuntar, además de mi aversión por las etiquetas, que en cada sesión dedicada a este proyecto dejo abierta la puerta a todas las influencias musicales recibidas a lo largo de una vida. Más centrado en aquellas que pudieran ser rastreables en "Polifemo", recuerdo un concierto del grupo King Crimson que fue prologado por su líder Robert Fripp creando extraños ambientes sonoros con la guitarra conectada a artilugios electrónicos ("frippertronics"); el contraste entre aquella calma plácida que precedía a la tormenta musical que se desataría después sobre el escenario, me impactó profundamente. Sin dejar KC, su forma de improvisar en directo siempre me ha parecido admirable. Más abajo también explico mi deuda con Tangerine Dream, pioneros de la música electrónica con secuenciadores y sintetizadores, y creadores del movimiento Krautrock; en cierto sentido la sonoridad de "Polifemo" trata de emular aquellos discos míticos de los alemanes a principios de los setenta. Asimismo he querido diferenciar la "Dedicatoria al conde Niebla" del resto del poema  presentándola como una canción: quien haya escuchado a Emerson, Lake & Palmer acaso reconozca la melodía. Los siete paisajes sonoros deben parte de su inspiración a Brian Eno y a varios de los artistas (H. Budd, Laraaji...) que ficharon por su sello Opal entre 1987 y 1993. No faltan tampoco referencias a Postishead, con su oscura y exquisita forma de actualizar estilos retro, así como a artistas del Hip-Hop que inspiran el "Rap de Polifemo" –con el que espero escandalizar a los salvaguardas de la sacrosanta tradición literaria–...

EQUIPAMIENTO:

  • VOZ

    • Micrófono: RODE NT-1 (en estudio) - SHURE SM 58 (en escena)

    • Procesador de voz BOSS VE-22

  • MÚSICA EN DIRECTO

    • Controlador de viento MIDI re.corder

    • Software Artinoise

    • Procesador  de efectos BOSS GT-1 

    • Flauta Barroca

    • Sintetizador Analógico & Secuenciador DONNER

  • BASES GRABADAS

    • Dub Music Player 

    • Software Audacity

  • MESA DE MEZCLAS Mackie MIX12FX

TEXTO

Estrofas I a III: Dedicatoria al Conde Niebla

Estrofas IV a XII: Polifemo

Estrofas XIII a XVII: Galatea

Estrofas XVIII a XXII: Sicilia

Estrofas XXIII a XLII: Acis y Galatea

Estrofas XLIII a LVIII: Canto de Polifemo

 Estrofas LIX a LXIII: Muerte de Acis

MÚSICA

Intro

"Donde espumoso el mar siciliano..."

"Ahora que de luz tu Niebla doras"

Paisaje I

"De Neptuno hijo fiero"

Paisaje II

"Nívea Galatea"

Paisaje III

"Caminos de Sicilia"

Paisaje IV

"Hechizo"

Paisaje V

"Rap de Polifemo"

Paisaje VI

"El río"

EL MITO  DEL CÍCLOPE

En de la mitología griega, Polifemo es un semidiós hijo de Poseidón, perteneciente a la especie  de los cíclopes. Estos se caracterizan por su gran tamaño y fiereza y, como es sabido, por tener un único ojo en medio de la frente. La tradición sitúa a los cíclopes en la isla de Sicilia, donde llevaban una vida salvaje y sin leyes pero en completa armonía con la Naturaleza. 

La primera referencia literaria de Polifemo se encuentra en la "Odisea", de Homero. En el canto IX se narra la llegada de Odiseo y sus hombres a la isla, donde el cíclope los encierra en su cueva. Tras devorar a varios de ellos, finalmente es vencido gracias a un ardid del héroe. Esa fuerza salvaje y violenta de la naturaleza en contraste con el ideal de civilización, es uno de los rasgos más característicos de la representación del monstruo por los autores de la época.

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Contemporánea reproducción de un busto del cíclope del año II a.C.

Le Cyclope (1914 - Odilon Redon)

Teócrito (Idilios VI y XXI) y más tarde Ovidio (Metamorfosis) introducen en esta tradición un elemento diferenciador que en su momento resultará también crucial en el poema de Góngora: el sentimiento amoroso con el que se humaniza al terrible cíclope. La historia crece así con la aparición de la bella e indiferente Galatea, quien ignora el amor de Polifemo, y con el apuesto pastor Acis a su vez objeto del amor de la ninfa. Este cruce de sentimientos vertebra  la trama, cuyo previsible desenlace responde a la salvaje naturaleza de Polifemo. Al descubrir a los amantes y cegado por la ira, el cíclope arroja una roca sobre el infortunado Acis, quien muere aplastado. La ninfa  implora ayuda a las deidades del mar que convierten la sangre del joven en agua, y así lo transforman en el río que lleva su nombre. Esta será el argumento que retomará en su momento Luis de Góngora para su "Fábula...".

 GÓNGORA Y SU FÁBULA GENIAL

"La Fábula de Polifemo y Galatea, que tanta musicalidad exterior tiene, y tanto y tan desbordado hervor de fuerzas naturales encierra, produce en el lector una impresión sinfónica. Góngora la pensó –o, por lo menos, genialmente la intuyó– en una distribución de temas distintos. Son temas, se diría, musicales."

​​

Dámaso Alonso: El Polifemo, Poema Barroco (1961)

Revista Atenea N° 500

​​

Poco cabe añadir a las palabras que sobre el Polifemo gongorino nos dejó el insigne D. Alonso. Una significativa parte de sus investigaciones las dedicó al estudio de este prodigioso poema épico (epyllion), con el que Góngora revolucionó todo lo realizado anteriormente dentro del género. Su influencia es tal que aun siglos después sirvió de inspiración a los escritores de la Generación del 27, influyendo asimismo en algunos de los istmos que surgieron en esa época. Tomando como referencia las "Metamorfosis" de Ovidio el cordobés alumbró, según Alonso, "la obra más representativa del barroco europeo".

Góngora retoma así el mito clásico desde la versión literaria del autor romano, para lograr un hito que aglutina todos los recursos del culteranismo barroco: extrema ornamentación poética, complejidad sintáctica, referencias a la cultura clásica.... Hijo de su tiempo, el cordobés nos ofrece toda una panoplia de marcados contrastes entre los que cabe destacar la monstruosidad de Polifemo frente a la nívea belleza de Galatea, o la violencia de las fuerzas telúricas frente al humano sentimiento amoroso. 

Pero es en el sentido musical al que hace referencia D. Alonso donde se encuentra, a mi entender, el máximo atractivo de la obra. De hecho es una de las razones principales por las que abordo este proyecto –aunque más abajo confieso otra de tipo más subjetivo...–. La prodigiosa utilización de recursos como el hipérbaton y la metáfora circunscritos al rigor de la métrica en octavas reales y la propia estructura de la misma, confieren a la Fábula una musicalidad que anticipa nuevas formas de interacción entre ambas artes. Así por ejemplo, la extraordinaria descripción de la isla de Sicilia, con sus habitantes y la naturaleza misma hechizados por la bella Galatea, se nos presentan como un decorado operístico para el conflicto amoroso entre el cíclope, la ninfa y el pastor.

RELATO DE UN SUEÑO

All that we see or seem is but a dream whitin a dream…

E. A. Poe

 

No exagero al afirmar la profunda influencia que sobre mí ejercen los sueños. Como un personaje de Lovecraft o Borges, transito por un espacio liminal entre el mundo de lo onírico donde todo lo bueno y también su contrario son posibles y esta prisión de consciencia que llamamos realidad.​                                                                                                                

De un tiempo a esta parte mis viajes al otro lado incluyen pasajes musicales que apenas recuerdo al despertar. Menos afortunado que Coleridge, a quien en una visión le fueron dictados trescientos versos de su “Kubla Khan”, no hace mucho traje conmigo una breve frase con la que ilustro la descripción de la ninfa Galatea. Meses después otra rara melodía de la que aún ignoro su futuro encaje. Sé que vendrán otras. Sin embargo y a pesar de estas recientes ‘señales’, creo que el origen de “Polifemo” se remonta a un sueño soñado treinta años atrás. Trataré de describirlo:

​​Fue durante una ardiente sobremesa de verano, en el pueblo castellano donde por entonces vivía. En esa época y en ocasiones todavía hoy recurría como banda sonora para la bendita siesta a algún disco de Tangerine Dream: los inquietantes viajes sonoros que componen sus obras de los años setenta siempre me han predispuesto a cruzar el umbral. Aquella tarde escuchaba  “Zeit”, un trabajo con el que los alemanes pretendían, al parecer, musicar los inabarcables espacios de vacío que separan los cuerpos celestes. Acunado por oleadas de sintetizadores, mellotrones y violonchelos, fui cayendo en un profundo sopor con la sensación física de que mi cama se balanceaba suavemente. 

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​​Fascinado, fui identificando nuevos e inesperados sonidos que progresivamente iban tomando el lugar de la música: el del agua a mi alrededor; el restallar de una vela contra el viento; el crujido de las cuadernas; el canto de las gaviotas en lo alto. Extendí una mano por encima de la borda sintiendo con infinito agrado cómo la envolvía la fría corriente. Mi olfato reaccionó a una penetrante vaharada de incienso que se sobreponía al aroma inconfundible del mar. Al abrir los ojos comprobé que me hallaba en el interior de una embarcación de tamaño medio, acomodado entre blandos cojines de seda y plumón. Cerca, una delgada línea de humo serpenteaba desde un pebetero. Un ondulante dosel carmesí, ribeteado por una cenefa dorada, me protegía del sol. No sentí desorientación o temor. Aquella situación se me antojaba remotamente familiar, así que me dejé llevar disfrutando de una inusual calma de espíritu cualquiera que fuera el destino del plácido viaje.

Al cabo de un rato ¿cómo medir el tiempo en los sueños…? una fuerte voz reclamó mi presencia: llegábamos a puerto. Mientras me incorporaba sonreí indulgente ante la vulgaridad de su latín, propio de soldados y marineros. Extendí la mano para apartar la cortina, admirando el dorado signum que, a la luz de su hermano mayor, resplandecía en mi índice derecho. Miré afuera, cegado por el inclemente sol de agosto. Mis ojos fueron poco a poco acostumbrándose hasta que el paisaje de enfrente tomó forma: esa imagen inolvidable fue la última del ensueño…: Otra vez de regreso a la penumbra de la habitación castellana, navegando un mar de ocres en lugar del cobalto oceánico. La música también había cesado.

Resultaría ocioso adornar con más datos la descripción de aquel momento perfecto. Sé muy bien que, inconscientemente, mi imaginación trataría de completarla con elementos inventados. Tampoco ignoro que la memoria se compone de capas superpuestas que van deformando el original, de modo que no evocamos sino el último recuerdo que guardamos de algo. Pese a ello con frecuencia he vuelto a aquella tarde de verano: la intensidad de los olores, colores y sonidos; la confortante presencia del mar ancestral; el imperturbable añil del cielo… ; todo percibido con una límpida nitidez que excluía al resto de sensaciones confusas y aleatorias que nos envuelven durante el estado de vigilia. Y me preguntaba: ¿escondía aquella visión algún mensaje o designio oculto?

No fue hasta años después cuando descubrí la respuesta. Conocía el mito de Polifemo gracias a Homero y a Teócrito de Siracusa. El cíclope hijo de Neptuno, temible monstruo dedicado a la destrucción y al pastoreo. Ovidio, siglos después añadió a esa condición el hecho, no menos pavoroso, de estar enamorado. Tal fue el referente que sirvió a Luis de Góngora, en torno a 1610, para crear su insuperada versión literaria. Leyendo los primeros versos de la “Fábula de Polifemo y Galatea” comprendí, deslumbrado como por un inesperado relámpago, que el sueño que yo había soñado mucho tiempo atrás no era del todo mío, sino un sueño dentro de otro sueño. En un universo de infinitos posibles donde todo cuanto puede ser, es, me fue dado compartir la llegada del patricio romano a Sicilia donde viviría por un tiempo imaginada a su vez por el formidable cordobés. Cuando su mano –nuestra mano– descorrió el paño carmesí que cerraba el dosel, éramos tres y todos cuantos desde hace milenios caen en el hechizo de Galatea– quienes contemplamos nuestro común destino. Fue Don Luis, con su peculiar acento cordobés, el que habló primero:

“Donde espumoso el mar siciliano

El pie argenta de plata al Lilibeo…”

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