• José Ignacio

Hic Sunt Dracones


El globo terráqueo Hunt-Lenox, datado en 1510, es el primer objeto donde se encuentra la expresión que da título a este Blog. Su desconocido autor grabó sobre el área de la península de Indochina, las palabras que desde ese momento utilizarían los antiguos navegantes para describir los vastos territorios ignotos y sus imaginados habitantes: monstruos, sirenas, kraken, basiliscos, acechando en lo más profundo de los mares, aguardando miméticamente en lo intrincado de las selvas, acumulando eones bajo el sol en inmensas y yermas planicies. Desde la modesta condición que me otorga ser navegante de mis propios pensamientos, puedo confirmar la existencia dragones. Los dragones suelen ser terribles, en el sentido de aquella Terribilità portentosa con que sus coetáneos definían la pasión que impulsaba a Michelangelo Buonarroti. De hecho, existen dragones-pintores que pueden enceguecernos con sus incandescentes paisajes; otros nos sumen en trance con sus diabólicos arabescos sobre el teclado de un piano; los hay también que hilan, con malévola precisión milimétrica, intrincados tapices de palabras cuyo fin es atraparnos para siempre. Esta clase de seres mitológicos, ciertamente peligrosos para la estabilidad de nuestra frágil nave, son empero fascinantes. No faltan tampoco falsarios dragones de cartón piedra, decorados con vivos colores, que nos atraen con sus artificios para luego abandonarnos en el vacío mar, eternamente inmóvil, del aburrimiento y la mentira. Mi propósito es descubrir gozosamente a los primeros y pasar de largo, "olímpicamente", frente a los otros.


(Recreación tridimensional del Globo Hunt-Lenox)



Puede parecer incongruente que, al tiempo que anticipo mi abandono de las "Redes Sociales", habilite un nuevo espacio desde el que transmitir ideas relacionadas con los ámbitos del pensamiento y el arte. En mi defensa diré que no juzgo innecesario el surgimiento de lugares donde anteponer el valor de la palabra a la urgencia narcisista de la imagen. La guerra cultural, y no quepa duda de que estamos inmersos en una, sirve al poder para manipular a una sociedad en continuo estado de sobresalto (sanitario, laboral, institucional, económico, climático...) e infantilizada con letales dosis de banalidad. A ello colabora tanto la indolencia de la más infame casta política que hemos conocido en décadas como nuestra propia, ensimismada, pereza.


Por otro lado, si alguna vez acariciamos la idea de que el arte sabría mantenerse al margen de un sistema vendido al mercado y al servilismo, lasciate ogni speranza, voi ch'entrate en los infernales círculos de las subvenciones, los aberrantes talent-shows, los suculentos premios amañados o las aclamadas hordas de poetas-twitteros. No negaré la existencia de aguerridos partisanos que todavía promueven desde las trincheras la libertad creativa, pero... ¡cuidado al deambular sobre el campo de minas de lo políticamente correcto!


Cuesta admitir que ahora mismo se insinúan en el horizonte los más negros presagios de Huxley y Orwell. Pero aún causa mayor desazón que ambas visiones puedan superponerse en un mismo espacio-tiempo. Y es que para mantener el estado de terror permanente, sirve igual una guerra contra la Eurasia orwelliana que contra un corona-virus, el derrumbe de los mercados, o el amenazante fantasma de una permanente precariedad laboral. No importa demasiado el motivo: los censores del pensamiento han aprendido a enmascarar su nefanda labor tras una sonrisa impecable y comprensiva.


Pero entiéndase el sentido de mis palabras. La única pretensión de esta cáscara de nuez que gallardamente surcará océanos de vino oscuro es transmitir un subjetivo, en cuanto personal, concepto de la belleza. Acaso de vez en cuando lanzar un liberatorio exabrupto contra los inanes, farsantes y demás fauna palustre. Contra el mundo matrix que se avecina no será mal comienzo razonar, trascendiendo la imperdonable lasitud de pulgares y likes, por qué nos complace o nos disgusta algo. Soltar amarras, en fin, como primer nivel de defensa ante la estulticia.


17/10/2021

J.I. Delgado



PS: mientras escribo estas líneas, se perpetra en el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español (Valladolid), el desmantelamiento de la fascinante instalación de Eva Lootz "El Reverso de los monumentos y la agonía de las lenguas". En un ejercicio de vergonzante injerencia política, el consistorio de la ciudad (que forma parte del patronato del museo) ha impuesto sobre el criterio del propio Director, Javier Hontoria, la exposición de un tal Gabarrón, más conocido por sus vínculos políticos que por su magro currículo artístico, sin duda insuficiente para cumplir con los presuntos criterios de excelencia de la institución. La "obra" de Gabarrón siempre ha estado asociada a una cierta forma, pensábamos que felizmente superada, de entender la decoración de las innúmeras rotondas y plazuelas que surgieron hace décadas en España. Cuestión de oportunidad y olfato en proporción inversa a cualquier atisbo de fundamento teórico. Y así, la peculiar estética que tortura a diario la vista de muchos vecinos en no pocas ciudades, pronto lo hará también desde las salas de un espacio que, supuestamente, debería acoger bajo inamovibles parámetros de calidad y siempre desde la independencia, a los artistas seleccionados por el equipo director. Es obligado alzar la voz para denunciar este tipo de maniobras por parte de la clase política, que suele entender el arte como escaparate para su lucimiento y escudo para tapar la propia ignorancia.

J.I.D.







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